5/05/2006

TRABAJADOR DE EL MAL (L)
LA LLEGADA.

Cuando la cerveza ya estaba tibia y quedaban pocos cigarros por fumar, Chicotto, digno integrante de la familia Otto (grupo de borrachines de la frontera, que bajo este alterego justifican el accionar vandálico de su embriagues y se niegan a aceptar que en realidad son un piño de beodos inveciles), se preguntaba si poner sus últimos 500 pesos sobre la meza o guardarlos para la siguiente noche de copas, puede ser increíble, pero este personajillo había desarrollado una serie de técnicas etílicas que le permitían mantener su copa llena durante toda la noche gastando la menor cantidad de dinero posible, todas ellas basadas en su empatia y la gran cantidad de datos basura que manejaba, lo que le permitía mantener a sus victimas de turno en una especie de transe hipnótico que los obligaba a extender la jornada hasta altas horas de la madrugada. Ensimismado en este dilema de gran trascendencia, divisa en el otro extremo del tugurio en el que se encontraba, a Yogui, un viejo amigo de la época en que solía escuchar heavy metal todo el día, vestir de negro y beber vino barato en alguna calle mal iluminada, en pocas palabras, un guarango de tomo y lomo. No tardo mucho tiempo en notar su presencia, fría, incitante, excitante, exuberante, insinuante y así un montón de adjetivos terminados en”ante”. Muchas veces la tuvo entre sus manos, muchas veces sus labios probaron su sabor fresco, embriagador y esta noche, en la hora más obscura de la jornada, esta en manos de otro y eso lo intranquilizaba aún mas, si, debería sacarle a Yogui por lo menos un trago de esa deliciosa cerveza, inventando una ida al baño Chicotto se retira de la meza y se dirige al lugar en el que se encontraba su viejo “amigo”, fue saludar y sentarse, fue sonreír y poner el vaso vació sobre la meza, Yogui llena el vaso y con una sonrisa mas cercana a una mueca de hastió sentencio: “en el mall necesitan a alguien que haga el aseo por las noches, anda mañana”. Chicotto hizo un gesto de afirmación, bajó la mirada y tomo un sorbo de cerveza.
Antes de acostarse esa madrugada pensó en lo contenta que se pondría su chica al saber que ya no pololearía con un treinton cesante, “mañana la llevare a comer comida china” pensó, serró los ojos y se durmió con una sonrisa.

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